lunes, 4 de abril de 2016

Notita aclaratoria

Y que sí 
que a veces a mí 
también me gustaría 
ser un poco menos yo 
ser menos lunes 
ser más tangible 
menos revólver 
más apacible. 
Pero es que no puedo. 
Y es así. 
Simplemente 
no puedo. 
(Digo no puedo para maquillar el no quiero) 
Y es así. 
Y no quise 
cuando pude. 
Y ahora 
no podré 
cuando quiera.
Y qué bien vivo con ello.

domingo, 14 de febrero de 2016

Yo fui feliz a ratos largos.

Hablo de aquellos días
de sentir deprisa
querer despacio
de cuando el amor
no era un milagro.

Cuando algo tan grande
como la justicia
y el perdón
cabían en nuestra bolsa del almuerzo.

Salvar el mundo en recreos
Miguel Ríos en el coche
cuandoseaspadrecomeráshuevos
pintar la habitación de verde
colgar globos, correr en triciclo
perderle el miedo a la cucaña
sile, nole, la jerga de los once.
(Un, dos, tres).

La alegría sencilla,
la guardería y Elena
recitar a Espronceda.
Hablo de palabras que duran
abrazos que curan
y gente buena.

(Adónde han ido).

Yo fui feliz a ratos.
Nací en otoño.
Olor a tormenta.
Leche y galletas.
Forrar los libros en septiembre
escribirle a la abuela
cada pocos días;
ver fotos de mamá
y papá
cuando aún
sonreían.
(Chocolate inglés). 

Supongo que entonces el mundo tampoco era tan grande.
Cualquier momento era bueno.
Cualquier lugar era casa.
Aún recuerdo el abrazo con Dani
el amor universal de mi abuela.
Miel y limón
soltarme la coleta.
Y recuerdo el frutero de mimbre
y el olor a avena
y el no saber escribir
la palabra
tristeza.

La risa y el grito
en ti muero
y por ti vivo
cuerpo que habito.

El olor de las sábanas
la casa de Cris
pantalones de pana
flores y agua
cada sol de abril.

De todo lo demás recuerdo más bien poco.
Quien quiera escribir mi epitafio
dispone de dos fechas solamente:
la del día en que te conocí
y la del día en que te marchaste, infancia.
Lo que sucediera antes, lo olvidé.
Lo que suceda ya, carece de importancia.





Mis padres tenían razón.
Y es triste.
El tiempo me lo ha confirmado.
Los hombres mayores no se andan con hostias.
(A la pared).





martes, 9 de febrero de 2016

(Entrada políticamente incorrecta)

Parte II

—Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza.

Antonio Machado
(Campos de Castilla, 1917)

No sé si hoy llegaré a la extensión mínima o por lo menos adecuada, o si por lo menos éste se parecerá al resto de mis textos. Con que cumpla una de las dos, me doy por satisfecha.
Hoy lo he visto claro. Hoy burlo el mínimo de palabras. Hoy me salto los cupos.
Leí este libro hace más de 3 años, pero jamás me paré a pensar en lo que leía realmente, en lo que querían decir todas esas palabras al juntarse. Hasta que lo retomé hace poco, casi un lustro más tarde, más curtida -eso se da por supuesto-, y totalmente desvinculada a esos pensamientos que me atan a una mente infantil y etérea que ya no existe. Nunca pudimos pensar que lo que andábamos buscando era justo eso. Que estaba ahí. Tan fuerte... tan cerca.
Y supongo que eso también es la magia de los libros. Que son capaces de esperarnos. Que son ellos los que nos retoman.
Sin más florituras.
Cuando algo brilla por sí mismo, hay que dejar que arda, siempre.
Necesitamos que esto estalle.

"Ibuprofeno, 600 mg" por Raúl Vacas. Para los (verdaderos) dolores de cabeza.


Que sepas, Raúl, que a mí también me duele.

miércoles, 27 de enero de 2016

(Entrada políticamente incorrecta)

Parte I

    Fue tan triste que hasta las lágrimas caían de rodillas. Políticos, homosexuales, arios y judíos, alemanes desempleados. Nunca dejaron de ser personas. Pese a todo. Pese a ser toda su vida penosamente reinados, esclavizados,  pese a cavar su propia tumba cada día bajo el umbral del desgarrador “Arbeit Macht Frei”. Trabajar os hará libres. Será eso.

   Hoy, los ojos congelados, el horror y la lástima, el pudor ante lo que un día fue, lo que un día fuimos.  Sería impensable que se repitiera en nuestros tiempos, ¿no? Nunca. Qué va.
Hoy lo he visto claro. No hay regocijo. ¿Cómo iba a haberlo? Pocas personas habría más ignorantes que aquel que piense que el no bordar miserables triángulos en camisas rayadas realmente nos hace libres. Que realmente acabó la guerra. Digan, ¿dónde quedaron las luces, la Ilustración, el progreso y la razón, la inteligencia, los libros, la ciencia; el futuro?


   No hay regocijo. No hay victoria. No puede haberla.  ¿No hay triángulos? ¿No etiquetamos? ¿No imitamos, no odiamos, oprimimos, desgarramos? Hoy lo he visto claro. No hay victoria y seguirá habiendo triángulos mientras Mar lleve un escote, mientras Gabriel se confiese homosexual, mientras a Jorge le gusten las chicas y los chicos, mientras velos de colores salpiquen las clases, los autobuses, las filas en los supermercados. Seguirá habiendo triángulos mientras esté la izquierda y la derecha en el Senado, las becas, lo público, lo privado, las estadísticas, los porcentajes, las cribas y los filtros, las clasificaciones, los número uno, el “cuando hablan los mayores los niños se callan”, el “sólo te acepto si eres como yo”; lo políticamente correcto e incorrecto. Vamos, regocijémonos en nuestra propia miseria, inhalemos de nuestro aire de sacristías y calabozos. Al alzar la vista desde nuestra celda: gente ladrona y oportunista, curas fanáticos y reyes incapaces. ¿Lo peor? Que sean el credo de tan alto porcentaje de la población. ¿Pasó todo? ¿Ya acabó la guerra? Si se me permite opinar, no es que jamás hayamos escarmentado, que no hayamos aprendido; es que quizá no hayamos tenido todavía de lo que aprender,  pues para ello, antes necesitaríamos darnos cuenta del error que se cometió, y esta conciencia –estarán de acuerdo conmigo- únicamente suele llegar cuando la situación en sí ya ha acabado. Echen cuentas.












Fuente: Arturo Pérez Reverte. "Una Historia de España (XLI)"
             "Pride" (Orgullo)

sábado, 16 de enero de 2016

De cómo una clase de lingüística textual puede convertirse en un manual de escape.

Serendipia. (Del ing. "Serendipity" / Del árabe. "Serendib" o "Sarandib") Hallazgo o accidente inesperado y afortunado, de cosas que no se están buscando ni investigando, pero que son la solución para otro problema que se tenía.

Estoy viendo pasar las nubes, pisar los días, del mismo modo en que se pisan las hojas en otoño: como si nunca hubieran estado vivos.
Va todo tan rápido que asusta. Y aunque cómplice, observas con recelo cómo no llegas, cómo arde, y arde, y arde.
Hay cosas que no diré porque se derrama la magia cuando se mide, ya se sabe. Toco siempre lo intangible, estoy fuera de las coordenadas. Está todo tan agrietado que al final se rompe. Pero es que lo roto a veces encaja. Hay que aprender a vivir en desorden.
Hay adioses crudos y espinas tejidas, siempres que parece que son gratis, cosas que rompo, días que sangro, lluvia si por aquí dentro duele y no... Ninguna cohesión ni coherencia entre estas líneas; más bien muchos nombres, muchas noches, mucha tinta, si bien es cierta una sola cosa; una adecuación, directa: directa al corazón. (Como las balas, sólo que las letras curan).
Yo tampoco sabía que las tres características del texto daban para tanto.
Temo el día en que cualquier lugar, cualquier momento, deje, de súbito, de convertirse en una nave, una nube, un escape, un puente que cruza un muro, un ahora que rompe un antes. Que bailen rumbas las palabras, mis palabras; que sigan alimentándome, en fin, el balance entre sístole y diástole. Y que nunca paren.
Que no paren porque entonces, no pensaré y si no pienso, no escribo. La cuestión es que cuando escribo, al menos no pienso y si no pienso... En fin, que en días como hoy, de estos en los que casi sería mejor que Sol no hubiese nacido, es mejor, en definitiva, no pensar. Y dejar pasar las nubes, y arder los días, y tú, limitarte a atender a las lecciones que te toquen (no necesariamente tienen que ser todas en el colegio) y, a la hora en la que nadie canta y la vida se esconde, reflexionar un poco sobre ellas. Por simples que sean. Coherencia, cohesión y adecuación. Ya ves. Quién sabe si algún día, alguien escribirá algo con ellas.


Apuntes sobre mi paso por la clase de Lengua
XIII / I / XVI

lunes, 30 de noviembre de 2015

Entelequia

Me preguntaba el otro día si se desvestirá la lluvia, del mismo modo en que ella nos desviste a nosotros al aullar y golpear con fuerza nuestras ventanas cerradas. Y ya se sabe, si llover y llorar suenan parecido, encuéntrale el sentido...
Recuerdo haber muerto alguna vez en esta orilla. Luego pienso que estás tú. Tú estás aquí. Tú no huyes.
Supongo entonces que el yunque que me aferra a la vida está fuera, lejos de mí. Y que a veces lo encuentro. Sólo cuando me pierdo, claro. O cuando no quiero encontrarme.
Ahí paro de pensar. Concluyo, en fin, que seguiré aferrada la vida, al menos hasta que ella se vaya con otro.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Gaviotas

De verdad que no pensaba volver a escribir sobre esto.
Pero es que hasta las gárgolas se ablandan.
Mereces una revolución bajo tu nombre. Y yo me lo he repetido tanto que he acabado por montármela yo sola.
Tengo un pasado insomne. He querido como el que se arranca las costras. He dejado amores sin usar. He temido cumplir promesas que nunca hice, he vivido con el miedo en el pecho, he guardado balas con tu nombre en la recámara y he afirmado abrochándome la sonrisa que lo bueno de tener el corazón a pedazos es eso, que las flechas, tal como entran, salen.
Queda confesado. Traigo arena entre mis pasos, tapando huecos del pasado. Y desconfío hasta de mis propias manos. Pero me han hecho así, estoy hecha así, como otros están ya hechos a una enfermedad incurable.